He decidido escribir estas líneas como una de
mil maneras de honrar tu memoria,
Sé que tal vez no llegaras a oírlas, y se
también,
Que tal vez yo no tenga la oportunidad de
leértelas,
Pero donde estemos ambos, estará lo que se
llama memoria,
Memoria de años felices, sí, pobres pero
felices.
Le enseñaste tanto a mi vida.
Por
ejemplo, a amar lo único que Dios te da como ejercicio de su rol, los hijos.
Veo a mi hija y te veo,
Imagino cómo fue tu niñez, llena de sueños, sin
preocupaciones,
Tan llena de pureza y de tiempos.
Recuerdo cuando tenía cinco años, tu paciencia
y tu delicadeza,
Ya de más joven, recuerdo tus manos maltratadas
Porque el calor y la humedad trajeron la
artritis,
Sin embargo a ti eso no importó con tal de que
tus hijos fuesen al colegio.
Que sueño tan inmenso el tuyo mi vieja,
Querías ver a tus últimos hijos realizados y
que vieran luego por ti.
Almojábanas, bollos de yuca y suero, calles
subías, calles bajabas,
Pero traías el pan a la mesa.
La pena y el orgullo, eso no lo conociste tú,
Porque cuando se tienen hijos eso queda fuera
del libro,
Si vieja, eso queda fuera del libro porque ya
me ha pasado también.
Sacrificio, si, ese fue tu mayor concepto, toda
tu mocedad la dedicaste a nosotros prohibiéndote tener un amor bonito que tanto
mereciste,
Eso más que sacrificio fue desprendimiento.
Que si fuiste gruñona, tan lindo es ahora
recordar tus regaños, Tus enojos, porque ellos eran para que fuésemos mejores
hoy. Recuerdo aquellos días en los que te enfermaste,
Aprendí a cocinarte, a lavarte a ti y tu ropa,
no sabía con cuanto amor lo hacía hasta hoy.
Recuerdo
lo que hacías para darnos de comer, ir al mercado a pedir las verduras que se
desechan,
Y que para unos morrocoyitos que tenías en la
casa, si en realidad éramos dos morrocoyitos.
Eso puedo decir es amor, porque cada esfuerzo
tuyo y cada cuidado tuyo eran una fuente inagotable de sabia, que hoy entiendo.
Que lastima no poder decírtelo mirándote a los
ojos y llorar contigo una vez más como lo hacía cuando muchacho,
Si, especialmente cuando sufría los desamores
de la juventud,
Ahí estabas tú para llorar conmigo.
Recuerdo en esta hora, que la mejor lección de
vida me la diste tú,
Que sin saber letras, tenías más claro el
sentido del amor.
Hoy entendí que mis enojos porque no te
cuidabas o por la dislocación de brazo,
Era porque quería que me duraras mucho, mucho
tiempo más.
También recuerdo que me enoje porque no
quisiste vivir conmigo,
Sino con tu otra hija, era porque quería que
fueras solo para mí.
No entiendo el comportamiento humano vieja,
Especialmente el mío, que tardo tiempos sin
llamarte, Quizás sea por ese sentimiento de cobardía,
Si cobardía a enfrentar las distancias,
O sencillamente sería una forma de protesta con
la vida, Por traerme tan lejos.
Lo que si entiendo,
Es que cada vez más me siento niño, ese niño
que desea tus brazos, tus besos, tus manos que nadie podrá reemplazar.
Es quizás no creíble para los que te tienen
hoy.
Que cada
dolor tuyo, yo lo siento igual,
Que cada padecimiento es mío también,
Pero quiero que sepas que cada noche viajo
hasta tus pies, Que cada insomnio llego a tu orilla
Y que este niño pequeño necesita tu calor.
Mientras tanto nos une la vida de nuevo,
Recuerda Zuni que allí en tu silencio, Estoy allí, que allí en tu pensamiento,
Estoy allí, que allí en tu recuerdo estamos
juntos.
Mientras voy a tu regazo, mientras llego en
físico a tus brazos. Recuerda Zuni, que te amo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario